miércoles, 23 de septiembre de 2015

VACACIONES 2015. (ROMA-MALLORCA). 3º DÍA. ROMA (EL VATICANO).



3º Día. Roma.

Día: 07-09-2015.

Comentario:
Llegaba el Lunes, día en el que había quedado con su santidad, el Papa Francisco, así que tras levantarnos pasadas las siete de la mañana (a quien madruga, Dios y nunca mejor dicho, lo ayuda) subimos a desayunar para acto seguido poner rumbo a la estación de metro situada en la Plaza de la República (situada a unos 200 m aprox) y una vez allí pillar el metro que nos llevaría hasta las calles adyacentes al Estado del Vaticano, concretamente a la parada de metro de Ottaviano (1,5 euros el billete de ida por persona).

Habíamos reservado una visita guiada en castellano para un grupo de unas 25 personas, visita que llevábamos pagada desde Asturias (76 euros) y cuya hora de inicio estaba programada para las 09h30 de la mañana.

Como llegamos algo pronto a la zona, paramos a tomar otro café en una cafetería próxima a la agencia donde tendríamos que acercarnos a la misma para pagar lo que era en sí la entrada a los museos vaticanos y Capilla Sixtina (23 euros por persona).

A esas horas ya había una larguísima cola de turistas, turistas que iban en aumento, sin saber en mi caso, de donde estaban saliendo, pero el hecho es que la cola iba en aumento rápidamente.

Lo bueno de sacar la entrada con guía es que dicha aglomeración te la evitabas, así que cuando estuvimos todos los de la visita programada, el guía nos fue conduciendo por la calle de entrada a los Museos Vaticanos y hay que reconocer que la entrada al Vaticano fue bastante rápida.

Antes de seguir con el rollazo de la visita, un poco sobre el estado más pequeño del mundo, El Vaticano.

La ciudad del Vaticano es como dije anteriormente el país más pequeño del mundo y el único que tiene por lengua oficial el latín.
Tiene una extensión de 0,44 km cuadrados o lo que es lo mismo 44 hectáreas y una población tan solo de 900 habitantes.
Comenzó su existencia en 1929 tras la firma de los Pactos de Letrán y el entonces Reino de Italia, el cual había conquistado en el año 1870 los Estados pontificios.
Dicha ciudad con rango de estado, alberga la Santa Sede, máxima institución de la Iglesia Católica y los dos nombres se suelen utilizar como si fueran equivalentes, en realidad no indican lo mismo ya que el término “Ciudad del Vaticano” se refiere en sí al territorio y el término “Santa Sede” se refiere a la institución que dirige la Iglesia y la cual tiene personalidad jurídica propia como sujeto de Derecho Internacional.
De hecho es la Santa Sede la que mantiene relaciones diplomáticas con los demás países del mundo.
La máxima autoridad del Vaticano y jefe de estado del mismo es el sumo pontífice, delegando el papa funciones de gobierno en el secretario de estado.
Son 180 estados los que mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede, reconociendo su existencia como microestado y como curiosidad hay países que no tienen dichas relaciones como es el caso de China, Corea del Norte, Arabia Saudita y Vietnam.
La Guardia Suiza es el cuerpo militar encargado de la seguridad del Vaticano, estando compuesta por unos 100 soldados (todos varones) y en el caso que la Ciudad del Vaticano tuviera que ser defendida por algún país, ella sería proporcionada por Italia.

Para más información del Vaticano, informarse en la Wikipedia (que tan listucu no soy…).



Vuelvo a la visita y ya estamos dentro tras pasar un control de seguridad y ya desde el primer metro iba haber mucha gente ya desde el principio.

Un agobio, la verdad, sobre todo para este menda al que tan poco le gusta las masas de gente en cualquier lugar (montaña, romerías, certámenes, visitas turísticas,…), a excepción claro está del Molinón.

Nada más entrar, primera parada del guía y en esta primera parada el paisano nos ofrecería unas explicaciones sobre las pinturas de la Capilla Sixtina (estaban reflejadas en unos grandes paneles) que veríamos un rato después ya que en el interior de dicha Capilla no dejaban hacer fotos ni vídeos.

Buenas y clarificadoras explicaciones las que nos ofreció el guía sobre las pinturas aunque tengo que reconocer que si en su momento me enteré bastante de cada dibujo que había en cada pintura, si fuera ahora mismo, no me acuerdo de casi nada de lo que nos dijo a todos los del grupo.

Es una cosa que siempre digo yo, que cuando la gente contrata o contratamos visitas guiadas, las mismas están bien para el momento para los que podamos ser “ignorantes” en las cosas que estemos viendo pero la verdad la información nos suele durar poco a los que no somos entendidos o aficionados a la materia en cuestión, pero hay que reconocer que ayuda muy mucho para entender en un momento dado lo que se tenga delante de los ojos renunciando a observar simplemente los colorines y formas sin saber muy bien el significado de lo que se esté viendo.

Después de esta reflexión personal sigo con la visita, así que tras las explicaciones que nos dijo el guía, empezamos realmente la visita a través de los diferentes pasillos que conforman los Museos Vaticanos.

Sobre los Museos Vaticanos decir que son las galerías y estancias de gran valor artístico propiedad de la iglesia y accesibles al público, tan accesibles diría yo que en el año 2008 tan solo visitaron dichos museos 4.310.000 personas (más de cuatro millones de personas).

Muestran estos museos una extensa colección de las obras de la iglesia católica y la base de los mismos está en la colección privada de Julio II, elegido papa en el año 1503, aumentando dicha exposición por otros papas a lo largo de los siglos.

Se componen de varios edificios y museos, perteneciendo también a los museos la Biblioteca Vaticana, considerada una de las mejores del mundo (ésta sí que me hubiera gustado verla como amante de los libros y escritos que soy).

Para más información, el enlace de los Museos Vaticanos.



Vuelvo a la visita, así que empezamos entonces a caminar a través de largas galerías en ocasiones y escuchando en todo momento las explicaciones del guía y tengo que reconocer que saqué pocas fotos dado lo difícil que era pararse a retratar toda la belleza que veía en paredes y techos ya que cuando el menda se paraba, llegaban los turistas que iban con otras excursiones y que iban por libre y los empujones se multiplicaban desde detrás.

Como muestra de algunas fotos que saqué y que salieron más o menos de una forma “satisfactoria” para el menda, pongo las que siguen de dichas galerías y en donde se ve la gran cantidad de personas que había ese día en los museos.
















Tras la visita a estas galerías, íbamos a entrar en lo que es “la maravilla” que alberga la Ciudad del Vaticano, la Capilla Sixtina.

La capilla Sixtina es la capilla más famosa de la Ciudad del Vaticano, encontrándose la misma a la derecha de la Basílica de S. Pedro.

Tomó su nombre del PAPA Sixto IV, quien ordenó su restauración entre 1473 y 1481. Desde entonces ha servido para celebrar diversos actos y ceremonias papales, siendo actualmente la sede del cónclave o lo que es lo mismo, la reunión en la que los cardenales electores eligen al nuevo papa.
En cuanto a sus dimensiones tiene una longitud de unos 40 metros con algo más de 13 metros de ancho y en la misma se pueden observar obras totalmente excepcionales divididas en dos panales a los lados de la misma capilla.

Algo más de información sobre la Capilla Sixtina en…



Sobre la visita a su interior, decir que fue una pasada aunque me quedé con ganas de poder ver las pinturas y el techo con una cierta tranquilidad ya que nos fue imposible observar las mismas con una cierta tranquilidad debido a la gente agolpada y que obstaculizaba el paso para avanzar y luego los guardas que nos apresuraban a todos los turistas para que no nos detuviéramos con el fin de agilizar la visita dada la masa de gente que seguía viniendo por detrás.

Vergüenza ajena pasé por la gente ya que nos habían dicho que viéramos las pinturas en silencio y con respeto, pero fue entrar en la misma Capilla y nada más entrar me pareció estar dentro de una romería o de una feria, así que con ese sabor agri-dulce abandonamos dicho entorno excepcional para salir acto seguido a un patio próximo a la entrada de la Basílica de S. Pedro y en donde estaba la taquilla para subir a la Cúpula de dicha Basílica, visita que me apetecía hacer muy mucho.

Nos dirigimos entonces a entrar en la Basílica de S. Pedro, la mayor iglesia cristina del mundo, con unas dimensiones de 193 metros de longitud, una anchura de 115 metros, y una altura de 44 metros (sin la cúpula) y de 136 metros (con cúpula incluida).

La cúpula dominaba el horizonte de roma y en la tradición católica, la basílica se encuentra situada sobre el lugar de entierro de S. Pedro, primer pontífice de la historia.

Enlace de la Basílica de S. Pedro.



Fotos del interior de la Basílica.










El hueco de la cúpula.


El lugar donde se encuentra enterrado el Papa Juan Pablo II.


Estuvo bien la visita guiada dentro del recinto, pero en cuanto se dio por finalizada la visita por parte del guía, rápidamente volveríamos a entrar para ver de nuevo la basílica pero con tranquilidad.

Lo primero que vimos fue la obra totalmente excepcional de “La Piedad” de Miguel Angel, una pasada…

Dicha escultura de mármol fue realizada entre los años 1498 y 1499 y ella mostró Miguel Angel a la virgen María sosteniendo a Cristo muerto, representando dicha obra el ideal de belleza del Renacimiento.

Me extrañó que la estatura estuviera protegida por una pared de vidrio especial a prueba de balas y eso era debido según el guía a que dicha escultura sufrió un atentado cuando un australiano golpeó el rostro y uno de los brazos de la virgen con un martillo mientras gritaba ¡Yo soy Jesucristo, resucitado entre los muertos...!.
La estatua sufrió graves daños, sobre todo en la figura de la virgen y unos 50 fragmentos fueron desprendidos de la estatua por lo que hubo de ser restaurada después de un periodo de estudio.

Instantes antes, el guía nos había comentado este incidente de hace años en la estatua y nos había hablado sobre la existencia de una enfermedad (que yo desconocía) que recibe el nombre de Síndrome de Stendhal y dicha enfermedad es un trastorno que afecta a personas especialmente sensibles. Se produce cuando en un breve periodo de tiempo, se admiran de manera continuada gran número de obras de arte, experimentando una especie de sobredosis de belleza artística.
Algunos neurólogos han explicado que este placer mental excesivo se puede convertir en un gran malestar y entonces al final este malestar es lo que hace que el turista o la persona en cuestión tenga la necesidad de atentar contra la obra de arte en cuestión.
Al parecer esta enfermedad se ha dado solamente en ciudades donde hay gran número de obras de arte como son el caso de Florencia, Roma o Venecia.

Dimos por finalizada la visita a la Basílica, saliendo entonces a hacer desde la distancia algunas fotos de la Plaza de S. Pedro.






Acto seguido nos encaminamos a subir a la cúpula de la basílica ya que normalmente siempre me gusta visitar todos los sitios en los que se pueda obtener una vista panorámica del entorno.

La duda era si subir hasta la cúpula subiendo todos los escalones o nos quitábamos unos cuantos con la ayuda del ascensor.

Como estábamos más que cansados debido a las interminables colas dentro de los Museos Vaticanos y de la Capilla Sixtina, decidimos quitarnos 221 escalones de golpe (de los 551 escalones que tenía la subida)  y en vez de pagar 5 euros que costaba la entrada para subir todo directo hasta la cúpula, pillamos la entrada del ascensor que costaba 7 euros y que nos evitaría el primer tramo de 221 escalones de los que costaba el ascenso hasta la cúpula, con lo cual al final acabaríamos subiendo “tan solo” 320 escalones.

Esperamos la cola y al poco tiempo ya estábamos montados en el ascensor. Nada más salir del mismo, salimos a una terraza y el circuito nos obligaba a pasar al interior de la cúpula y asomarnos a la nave de la basílica, situada unas decenas de metros por debajo.

Foto en el interior de la cúpula y viendo la nave principal de la basílica y la cúpula más cerca.




Subimos sin problemas “haciendo pierna” a través de algún tramo un tanto estrecho.

Tras el ascenso, salimos al exterior y en donde era imposible no chocar con los que estaban al lado ya que había gente como nunca había visto en mirador alguno.

A la cantidad de gente que había se unía encima lo estrecha que era todo el recinto del mirador de la cúpula, así que fui dando la vuelta a la cúpula para intentar sacar fotos de las vistas que me ofrecía la misma a través de los diferentes puntos cardinales.

Algunas vistas desde este mirador (lo que se ve inmediatamente por abajo es el Estado del Vaticano, rodeado por Roma).










Este menda con cara de pocos amigos dado el agobio de gente que había y el cansancio que ya tenía a esas horas..¡Qué duro es el turismo de masas…!.


Descendimos de nuevo para pillar el ascensor y aproveché entonces a sacarme alguna foto de la terraza en la que el ascensor nos dejaba tras subir en él.


La cúpula de S. Pedro.


Parte trasera de la estaturas que se asoman a la Plaza de S. Pedro.


Tras descender en el ascensor llegamos a la entrada principal de la basílica, poniendo entonces rumbo a la Plaza de San Pedro y pudiendo sacar alguna foto de la famosa Guardia Suiza del Vaticano.


Información de dicho cuerpo de seguridad.



Resumiendo un poco la información anterior, decir que entre alguno de los requisitos para ingresar en dicho cuerpo de seguridad es que se debe estar soltero, tener una estatura mínima de 1,74 m, una edad entre 19 y 30 años, tener la nacionalidad suiza, tener fe católica… (entre otros requisitos).

Una vez cerca de la Plaza de S. Pedro, nos dedicamos a sacar varias fotos de la plaza así como del frente de la Basílica.








Un poco de información sobre la Plaza de S. Pedro, lugar donde se celebran algunas de las liturgias solemnes por parte del Papa.



Como dato visual más llamativo, en el medio de la plaza está situado un obelisco de unos 25 metros de alto que fue llevado a Roma desde Egipto en 1586, teniendo la plaza unos 320 metros de longitud y 240 metros de anchura, pudiendo albergar a más de 300.000 personas y la construcción de la plaza se llevó a cabo entre 1656 y 1667 de la mano de Bernini y con el apoyo del Papa Alejandro XII.

El menda en la Plaza de S. Pedro.


Dimos por finalizada la visita al Vaticano y lo que hicimos seguidamente fue ir para el metro para pillarlo con el objetivo de regresar al hotel.

Llegamos entonces a la calle del hotel donde había un McDonalds y como no queríamos meternos a comer pasta en alguna de las terrazas de la calle del hotel, decidimos meternos a comer algo en dicho lugar de comida rápida, así que ese día con 15 euros resolvimos el tema de la comida.

Tras la comida, subimos a descansar unas horas a la habitación y tras el oportuno descanso, salimos de nuevo para irnos a cenar a uno de los barrios famosos para tal menester en Roma, el Barrio del Trastévere.

Aquí ocurrió una anécdota por así decirlo y fue que para acercarnos a dicho barrio decidimos montarnos en un autobús urbano de la ciudad y al montar en el bus y querer pagar el billete resulta que no vimos forma de pagar al conductor ya que se encontraba en su puesto de conductor en un recinto cerrado acristalado.

Pasamos entonces a donde estaba toda la gente (autobús lleno) y yo extrañado por el tema del billete.
A medida que montaba la gente en las diferentes paradas, yo me fijaba para ellos y veía que nadie pagaba ni nadie metía ningún carnet o ticket en una máquina que tenía el bus por dentro, así que la conclusión que sacaría viendo el comportamiento de la gente es que allí no pagaba ni Dios el bus y que supongo que todos se arriesgaban en un momento dado a que un “supervisor” (si los hay claro está) pudiera subir al bus a pasar revista.

Así que con esta situación en el bus llegamos a la parada más próxima a este barrio del Trastévere,

Tras caminar unos 10 – 15 minutos llegamos a dicho barrio popular de Roma, barrio con calles estrechas adoquinadas y en el que predominan casas populares medievales.

Nos internamos por las calles de este barrio, plagadas de turistas aunque hay que decir que se caminaba bastante bien y lo primero que hicimos fue reservar en el lugar donde íbamos a cenar en este día, un restaurante súper conocido de dicho barrio que nos habían recomendado, el “Restaurante Sabatini”.

Tras reservar, acto seguido fuimos a conocer el otro motivo de la visita a este barrio, la Basílica de Santa María.

Dicha iglesia fue fundada en el siglo III por el papa Calixto I y renovada durante el papado de Inocencio II (1130 – 1143).

Wikipedia de la Iglesia de Sta María.

La iglesia es de las que hay que visitar seguro si se va a Roma en plan de turismo ya que considero dicha visita imprescindible (no tanto como los grandes monumentos, pero dentro de lo que son las iglesias de Roma es de las que recomendaría visitar a todo el que se me acercara a la ciudad).

Algunas fotos de muestra (sacadas con el móvil) de la iglesia.

Plaza donde está situada la iglesia.


Interior de la misma.




Tras la visita y como era algo pronto, nos fuimos a callejear un poco por el barrio ya que queríamos conocer otro restaurante del que nos habían hablado muy bien, pero al no haber éxito a la primera en la localización, retornamos a la plaza para tomar algo antes de cenar en una terraza donde yo tomaría una bebida alcohólica (sabor a mandarina) y Noelia un vermouth (todo ello 12 euros).

Después de tomar algo ya nos dirigimos al Restaurante Sabatini, donde nos sentamos en una de las mesas con vistas a la Plaza de la Iglesia de Sta María.

Antes de ponernos a cenar, toca informarse del lugar, así que…Enlace del Restaurante Sabatini.




Antes de servirnos y como pedimos una entrada típica de Roma y como la misma contenía jamón, resulta que se nos acercó un paisano (totalmente independiente de los camareros), el cual nos fue cortando unas pocas lonchas de jamón.

El señor en cuestión, cogió a Noelia y me hizo una señal de que le hiciera una foto junto a ella como si estuvieran cortando jamón.




Me dio la impresión que era el clásico dueño del restaurante, ya jubilado y que no quiere dejar totalmente su negocio, ya que todos los camareros le trataban con sumo respeto.
Al preguntar yo a un camarero que si el señor en cuestión era el dueño, dicho camarero me respondió que era un paisano que siempre está por la plaza cortando el  jamón…(no digo que no sea cierto pero la verdad no me creí mucho esta versión de quien era el paisano).

Los dos platos de pasta.




Sin postres y sin cafés nos cobraron por todo 80 euros así que la impresión después de comer y pagar no fue muy positiva de dicho lugar. Resumiendo, no volvería a comer aquí que es con lo que me quedo siempre cuando finalizo la comida en un restaurante, sea de donde sea y sobre este restaurante, pienso que su fama es más bien por el lugar donde está situado que por la propia comida.

Abandonamos entonces el lugar para ponernos a caminar un cuarto de hora para coger de nuevo un bus que nos acercara al hotel (visto nos había resultado gratis la ida, pensé que ya que estábamos cansados y no nos apetecía caminar mucho, la vuelta también iba a ser gratis, hecho que así fue).

Resumiendo el día, el peor día de todos en Roma en cuanto al cansancio y aglomeración de gente ya que aunque tampoco se puede decir que caminamos como los dos días anteriores, el estar casi siempre con gente al lado empujando y peleando por la posición, hacía más cansino el ver las cosas.

En cuanto a los monumentos y lugares a visitar, todos los de hoy resultan imprescindibles en un viaje a roma (menos el Mcdonals y el Sabatini, claro está, jeje…).

Otro día que iba a dormir de maravilla y ya iban a ser tres seguidos…

¡Y el Papa que no apareció...!





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